
La educación.
Ésa cosa a la que llaman educación y que cada uno entiende a su manera. Ésa cosa que una vez dijo Mandela que era el arma más poderosa para cambiar el mundo. Ésa que creemos estar utilizando en las escuelas. Ésa cosa a la que le echamos la culpa cuando algo no sale como esperamos. Éso que algunos defendemos cómo lo más importante para las personas. Ésa cosa que, a la vez, pisoteamos sin darnos cuenta. Éso que se puede 'implantar' de muchas maneras. Éso que nadie conoce ni entiende pero de la que todos hablan. Ésa cosa a la que cientos de autores le han dado vueltas y vueltas sin respuestas para llegar a entenderla. La educación. Éso que nos pasará factura como sigamos (des)utilizándola de ésta manera, si es que no ha empezado a pasarla ya.
La educación es esa herramienta que, algunos, creemos tener claro que sirve para crecer, para mejorar, para aprender, para conocer, para entender, para resolver, para relacionarnos, para mantener sentido a lo que hacemos... para vivir y hacerlo con sentido.
La educación es esa herramienta que, algunos, creemos tener claro que sirve para crecer, para mejorar, para aprender, para conocer, para entender, para resolver, para relacionarnos, para mantener sentido a lo que hacemos... para vivir y hacerlo con sentido.
La educación es, en definitiva ésa cosa que nos presentan des de bien pequeños y nos acompaña el resto de nuestras vidas. Éso que recibimos de muchos sitios y de mucha gente y que nos hace ser como somos. Éso que nos representa. Éso que nos define. La educación es aquello que nos hace creer en algo, que nos hace luchas por algo, que nos hace tener unos valores y ser capaces de cumplirlos. La educación engloba muchas (incluso) demasiadas cosas que nos rodean y no somos del todo conscientes de lo que ello implica.
Parte de ésta educación es la concienciación sobre nuestro (hermoso) mundo. Somos capaces de decir, de expresar, de hablar incluso de chillar a los cuatro vientos aquello por lo que nos sentimos representados, pero la hipocresía nos juega muchas malas pasadas a todos y cada uno de nosotros y no es buena amiga de la educación. Hemos hecho de la educación un producto que hay que vender. La hemos mercantilizado y seguimos creyendo en una educación que no se basa en educar ni aprender, si no en adiestrar y obedecer. En tener que decir que si a pesar de las dudas, en tener que callarse y creer todo aquello que se dice. Creemos necesaria la escolarización de los más pequeños y no nos damos cuenta de que los estamos llevando a seguir formando parte de un sistema que trata la educación como algo banal. Como algo que sirve sólo para memorizar y no entender lo que pasa a nuestro al rededor.
No somos conscientes de lo que implica la educación en realidad. La educación no solo se da en las escuelas, cosa que hoy en día hasta me cuesta creer que incluso se de ahí. La educación se da en las calles, en las casas, en los parques y entre las personas. No solo con los llamados "iguales". No sólo con los amigos. La educación se da en todas partes y en todo momento y no somos capaces de ver ni entender la importancia de ello. La importancia de nuestros actos. Y aunque siempre haya una mínima exageración de los problemas, a veces es necesaria para poder llegar a entender la realidad. Os invito a ver uno de los mejores anuncios sobre la educación de los padres (aunque no sean éstos los únicos a dar ejemplo) que demuestra lo que es capaz de hacer una buena o mala educación y lo que hay que tener en cuenta para saber que Ellos hacen lo que ven. Empecemos a ser conscientes de todo aquello que nos rodea, pero sobre todo de lo que tenemos en nuestras manos. A veces es necesario abrir los ojos y girar la cabeza hacía una nueva dirección en la que no le quede sitio a la hipocresía. Y para ello, hay que empezar a descubrir el mundo en el que vivimos. Y no sólo quejarnos sin movernos. Quejarnos de los que mandan, de lo que hacen y cómo lo hacen. Hay que dejar de quejarse si no somos capaces de dejar de actuar cómo ellos. Hay que empezar a mirar hacia delante y entender y reconocer nuestros pequeños errores, pero sobretodo, no avergonzarnos de ellos, pues no somos los únicos responsables de cometerlos, pero para evitarlo hay que ser consciente y darle la vuelta a al tortilla a lo que entendemos hoy por educación. Observemos y pensemos las cosas dos veces antes de estar seguros de lo que vamos a hacer y sus repercusiones.
Por una educación digna, por un mundo mejor.
Empecemos por darle importancia a ver lo que realmente nos rodea y no lo que nos quieren mostrar para seguir engañados sobre eso. El mundo esta rodeado de problemas sociales y nadie más que nosotros, la propia sociedad, somos los únicos capaces de poder cambiarlo. Sólo hace falta creérnoslo y actuar. Aunque tan solo sea empezando a concienciar a los demás de lo que somos capaces de hacer y deberíamos estar haciendo. La educación es, sin duda, una de las mayores armas pacíficas para poder cambiar aquello que nos nos gusta. Es hora de aprenderlo. Aprenderlo enseñando y enseñar mientras se aprende.
Un Som.riure educat*

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