Erase una vez, la historia de una comunidad, que de tanto creerse sus propias mentiras, alabar, quizá de manera inconscientemente, aquello que lleva por nombre hipocresía, no se dio cuenta de que si trayecto a lo largo de la vida iba directo a a autofrustración.
A día de hoy es complicado intentar entender cómo, todo un grupo de gente no es capaz de visualizar y reflexionar sobre sus actos, cómo aún no existe la pequeña brecha de duda, de crítica - constructiva - de poder ser consientes de lo que realmente implican nuestros actos.
Ésta comunidad, éste grupo de personas, refleja a al perfección la sociedad en la que vivimos. En la que nuestros actos y pensamientos van dirigidos a aquella persona que aparentemente se lo merece, sin apenas saber si eso es así. Y esa otra, que puesto que no viste como se espera o incluso no utiliza un lenguaje que creemos adecuado, ya no merece nuestra atención.
Señores, señoras, aprendamos a vendarnos los ojos sabiendo porqué lo hacemos. No por qué alguien de más arriba nos los esté vendando y disfrazando de hipocresía todo lo que nos rodea. Seamos capaces de ser dueños de esa venda, y cerremos los ojos para conocer a ese alguien que puede sacarnos de esta mierda. E incluso para reconocer a ese que lleva años metiéndonos en ella y engañándonos por su apariencia.
Esta vida es mucho más compleja. No está basada en entender todo lo que se ve, si no en desenmascarar aquello que no se ve. Nuestra sociedad, esa comunidad y ese grupo de gente que creemos estar viviendo una buena vida y tener aquello que nos merecemos - o no - somos simplemente un puñado peones que no sabemos avanzar a gran velocidad y nos cuesta mucho actuar. que si es necesario, es muy, pero que muy fácil quitarnos del camino para seguir manipulando nuestra historia.
Como sociedad, deberíamos empezar a mirar nuestros ombligos para entender todo aquello que hacemos - y nos hacen - mal para ser capaces de dejar de esconder aquello que se considera erróneo o malo. O quizá simplemente raro o diferente...
Dejemos de engañarnos y empecemos a llamar las cosas por su propio nombre. Demos importancia a los conceptos y a sus significados, y quien no sepa qué quiere decir o cómo pronunciarlo, ayudémonos entre nosotros. Si no lo hacemos así, ¿quién lo hará por nosotros?
La educación reside en la enseñanza entre unos y otros. Rompamos ya con las franjas de edades que encasillan los aprendizajes a cosas tan superfluas como las materias básicas. Hay mucho más por aprender. Aprendamos a explicarnos. A expresarnos y a hacerlo de manera que todos nos entiendan.
Es hora de demostrar que esos peones, unidos, podemos llegar al final del camino para convertirnos en la pieza que nos de la gana ser. O que necesitemos ser para borrar del mapa esta sociedad tan hipócrita y llena de engaños.
Empecemos por el principio. Por aprender lo que nos hace diferente al resto de seres vivos. Por las conciencias y el lenguaje.
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Imagen de la película Nymphomaniac.
A continuación, fragmento del dialogo de la misma película.
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- Cada vez que se prohíbe una palabra, retiramos una piedra de los cimientos democráticos.
La sociedad demuestra su impotencia frente a un problema concreto suprimiendo palabras de su lenguaje. - dijo ella, con la mirada fija a sus ojos, de manera muy seria y convencida.
- Creo que la sociedad alegaría que la corrección política es una expresión muy precisa de la preocupación democrática por las minorías. - contestó él, de la mejor manera que pudo y se le ocurrió en ese momento pues no se esperaba esa reflexión ante la historia que se estaba contando en esa habitación.
- Y yo digo que la sociedad es tan cobarde como las personas que la integran, que en mi opinión, son además demasiado estúpidas para tener una democracia. - Replicó de nuevo con esa mirada penetrante y esos ojos totalmente decididos a creer realmente las palabras que salían por su boca, luchando a su vez para no ser la única capaz de afirmar su teoría.
- Entiendo tu opinión, pero discrepo totalmente. No dudo en absoluto de las cualidades humanas. - Manifestó él, intentando entrar en la mente de la mujer tratando de ser lo más empático posible ante tal afirmación, sin intención de juzgar por la experiencia vivida de ella a llegar a esa reflexión tan dañina.
- Las cualidades humanas pueden definirse únicamente con una sola palabra: Hipocresía.
Alabamos a los que hablan bien y tienen una mala intención, y nos burlamos de los que hablan mal y tienen una buena intención. - Acabó la conversación sin oportunidad a objeción alguna y dejando entrever parte de razón sobre la generalización del comportamiento humano.










