Aunque, por otra parte, es bueno que pase éso para que te sea fácil creer que cada vez que abres una página, sigues ahí. Sigues estando en otro lugar, lejos de lo que agobia, y bien cerca de lo que te hace feliz.
Creemos que los libros los escogemos nosotros, aunque no somos del todo consciente de que muchas veces son ellos los que no escogen a nosotros y, muchos, llegan en el momento oportuno.
Tuareg, de Alberto Vázquez Figueroa, es sin duda, uno de ésos libros que te escogen a ti. En el momento y en el lugar indicados. Siempre cuándo es estrictamente necesario.
Aún sin haberlo acabado, y después de una semana de pisar las tierras de las que tanto habla, no paro de pensar y darle vueltas a la vida. Qué digo la vida... a mi vida.
¿Alguna vez os habéis sentido fuera de lugar? Pues bien. Por culpa de Gacel, el protagonista de la historia, sigo sintiéndome fuera de lugar cada vez que abro el libro y miro a mi alrededor. No me cuadra. No encaja. Y no sé si el problema está en la historia que leo, o en mí.
...Tuareg, des de mi punto de vista, despierta en uno la inmensa capacidad de entender y querer vivir una vida que ni de cerca se parece a la que uno vive. Te permite cerrar los ojos y ser capaz de imaginarte ahí, en medio de las dunas, inmóvil, queriendo sólo respirar y observar lo que te transmite ése lugar. Ésa tranquilidad, ésa paz que se respira. Ésa vida. Ésa vida que te aleja cada vez más de lo que para ti es ya demasiado cotidiano, rutinario y te llega a aburrir.
Te transporta, de nuevo y quizá sin darte cuenta, a ésos pequeños momentos que te ofrece la vida de lecciones de moral y de sencillez y humildad que sólo has llegado a entender ahí.
¿Porqué será?
He aquí alguna pista a la posible respuesta...

- ¿Cómo puedes vivir pendiente de lo que te ordenan? - inquirió - ¿Cómo puedes sentirte hombre, y libre, dependiendo siempre de la voluntad de otros? Si te dicen: «Persigue a un inocente», lo persigues. Si te dicen: «Deja en paz a un asesino como el capitán», lo dejas en paz. ¡No lo entiendo!
- La vida no es tan sencilla como parece aquí en el desierto.
- No traigáis entonces esa vida al desierto. Aquí está claro que lo que es bueno, malo, justo o injusto. (...)
- ¿Sabes lo que significa ser comunista?Gacel negó convencido:
- Nunca oí hablar de ellos. ¿Son una secta?
- Más o menos... Pero no religiosa. Sólo política.
- ¿Política? - replicó sin comprender.
- Pretenden que todos los hombres deben ser iguales, con los mismos deberes y derechos, y que la riqueza se reparta entre todos...
- ¿Pretenden que sean iguales el listo y el tonto, el imohag y el esclavo, el trabajador y el haragán, el guerrero y el cobarde...? - Soltó una exclamación de asombro -. ¡Están locos! Si Alá nos hizo distintos, ¿porqué pretenden ellos que seamos iguales? - Soltó un resoplido- ¿De qué me valdría entonces haber nacido targuí?
«La moral es una cuestión de costumbres y nunca debemos juzgar, según nuestro criterio, los
actos de aquellos que tienen, por sus costumbres ancestrales, una visión y un criterio distinto de la vida...»
Un Som.riure a l'estil berber*

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