Pisar mundos nuevos.
Descubrir lugares únicos.
Andar sin rumbo fijo.
Dejarte llevar.
Observar y no ver.
Ver sin observar.
Encontrar sin buscar.
Respirar profundamente.
Perder el tiempo.
Dejar de pensar en los límites.
Abrir la mente.
...
¿Cómo?
Permitirles a tus pies la libertad de guiarte sin prejuicios, sin miedos, sin dudas, sin límites, sin observaciones. Dejar que te lleven por calles que no llegan a tener ni dos metros de ancho, y que a la vez te permitan encontrarte con detalles que sin buscarlos, haciendo que los sentidos lleguen a su máxima capacidad de experimentación. Hay que perderse dejando que los ojos no sean capaces de ver todo lo que te rodea pero que no dejen de observar y recibir nuevos estímulos que de golpe, sientas la necesidad de cerrarlos para que sea el olfato el que tenga la capacidad de percibir olores muy significativos.
Sonidos de una respiración que te transmite mucha paz y de fondo, el campanario que marca las horas con el reloj que tiene la esfera más grande de Europa.
Sabores que te transportan a lugares ya conocidos y despiertan en ti, de nuevo, sensaciones que empezabas a creer que habías olvidado.
Abrazos que te hacen estremecer el sentido del tacto. Volver a besar a una de las personas que más admiras de éste planeta y dejar VOLAR el tiempo a su lado, sin dejar de VIVIR estímulos que sólo te pueden mostrar sitios nuevos y éste tipos de personas.
Seguir amando y viviendo estos pequeños detalles de la vida son los que, al fin y al cabo, la hacen grande.

Sentir esa necesidad de parar, y escribir.
Un Som.riure Suís*


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