Como algo tan sencillo, algo de un mismo mundo, una simple acción, cualquier detalle, ese rasgo de ojos, esa curva de labios, ese acento, una melodia que se oye de fondo, la estructura de una casa, un objeto casual, una intensa conversa... Pueden causar un sentimiento tan grande.
Cómo algo que realmente conoces puede parecerte desconocido solo por el simple hecho de creer que es diferente.
Cómo una cultura y una educación pueden hacer cambiar de manera muy radical el punto de vista de las personas. Es eso que se le llama relatividad condicionada por la subjetividad del individuo.
Cómo desconcierta al ser humano darse cuenta que es tan indefenso. Que vive constantemente indefenso a los caminos que le depara la vida. Esos caminos repletos de esos pequeños detalles, esa melodia, esa sonrisa, esa imagen que queda penetrada en lo más ondo de tus entrañas. Saber que quizá no volverá a pasar nunca por ahi, y si lo hace, algo habrá cambiado. Habrá vivido un momento único e efimero que solo recordará según la intensidad en la que uno mismo haya decidido vivir.
Eso, amigas mias, es la intensidad del viajero.
De conocer,
de aprender,
de recordar,
de memorizar.
De vivir.
Un Som.riure viatger*
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